Despejando algunos mitos sobre la toxina botulinica

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La toxina botulínica  ya es un viejo conocido en la medicina estética y su uso está más que extendido, lo cierto es que aún acarrea ciertos estigmas que pueden pesar a la hora de decidirse a probarlo.

El botox, también llamado «botulina», es una neurotoxina elaborada por una bacteria denominada Clostridium botulinum, la cual cuando es infiltrada, logra “relajar” la capacidad de contracción de los músculos, logrando así una atenuación de las arrugas. La inmediatez de sus resultados y la sencillez del tratamiento, lo colocan año tras año en una de las mejores opciones para el rejuvenecimiento facial.

Sin embargo, existe aún cierto temor a usarla, debido al peso de imágenes de ciertos famosos muy poco favorecidos tras sus retoques.

Lo primero de todo es saber discernir qué tipo de tratamiento ha sido el que ha provocado el daño estético en esos rostros, porque la mayoría de las veces el efecto del bótox se confunde con el del relleno, y no es lo mismo.

A diferencia de los rellenos, que tratan las arrugas estáticas (arrugas más profundas, perceptibles aun estando el rostro en reposo) el bótox es clave para tratar las arrugas dinámicas (más superficiales). Cuando en un rostro vemos “hinchazones” o “abultamientos” prominentes, sin duda estamos ante un relleno,  muy mal aplicado.

Otro gran estigma del bótox es.. “te roba la expresividad”. Pero el problema no está en el bótox, sino en el control de su dosis. El resultado no tiene por qué ser “congelante” si recurrimos a un profesional que nos someta a un correcto diagnóstico, y lo aplique de manera adecuada.

Lo más importante es observar detenidamente la gesticulación del paciente: la mímica facial depende de un gran número de fibras musculares y es necesario conocer a la perfección la distribución anatómica de cada una de ellas para infiltrar la toxina botulínica de manera estratégica. Los mejores resultados se obtienen cuando se tratan las fibras en conjunto, y no de manera aislada. El rostro conservará así la armonía en todos sus movimientos, sin ver descompensado el equilibrio gestual.

Los efectos tras la infiltración de bótox comienzan a hacerse patentes entre el tercer y el quinto día post-infiltración, de manera paulatina. Pasados quince días, podemos concluir que el aspecto que luzca el paciente será el definitivo.

La duración del efecto del bótox depende principalmente de la fuerza muscular de cada paciente y de su capacidad de gesticulación.

Algunos otros usos del Bótox

  • Modera el exceso de sudoración. Actúa sobre las glándulas sudoríparas situadas en las axilas, inhibiendo los impulsos neurológicos que estimulan la producción del sudor. Se puede reducir la secreción en un 80%. Los efectos se notan en un par de días y duran hasta 8 meses.
  • Mejora la migraña. Se pincha en 31 puntos fijos de la cabeza y el cuello, consiguiendo mejorar significativamente los achaques.
  • Ayuda en problemas de Vejiga hiperactiva al trabajar sobre el musculo detrusor.
  • En manejo de dolor crónico de pascientes con síndrome de dolor miofascial crónico.

 

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Author Info

Dra Mariana Mojica

Médico universidad de la sabana

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